El miedo es una de las cualidades
con las que los periodistas deben trabajar y mucho más en Colombia, donde la
presión de la violencia por parte de los grupos armados ejerce presión sobre la
labor periodística. El número de periodistas agredidos en Colombia en el año
2014 puede fácilmente abarcar todo el territorio barranquillero, un total de
164 colegas de todo el país fueron amenazados, perseguidos, golpeados y obligados a dejar de ejercer lo que según Gabriel García Márquez, Nobel
de literatura, es el mejor oficio del mundo. Informar la verdad.
Tener libre
expresión y opinar sobre lo que se cree correcto es una manera de arriesgarse
en el día a día para muchos periodistas. En Colombia desde el año 2006 hasta el
2015, alrededor de 10 periodistas fueron asesinados y más de 200 fueron
amenazados por personas en desacuerdo con lo que estos se encontraban
trabajando o investigaciones que estaban próximas a publicar.
Colombia es el
segundo país con más periodistas muertos en toda América, según los Reporteros Sin
Fronteras (RSF), ésta organización no gubernamental de origen francés, tiene
como objetivo defender la libertad de prensa en el mundo y aquellos
periodistas perseguidos por su actividad profesional.
En América Latina,
México encabezando la lista, se distingue por ser el país más
mortífero para los periodistas; le sigue Colombia, donde han perdido la vida 56
periodistas desde el año 2000 hasta el 2014. Cabe resaltar que muchos de éstos fueron víctimas de su propia ansia de denunciar las violaciones a los derechos humanos, el crimen
organizado y la corrupción que ensombrece a la vida cotidiana. Hacia el año 2000,
punto crítico del conflicto en el que están implicado guerrilleros,
paramilitares, carteles de la droga y el ejército; el conflicto dejó como saldo
entre 50.000 y 200.000 muertos entre los años 1954 y 2000.
En el 2002, cuando
Álvaro Uribe Veléz se posiciona en el poder como presidente de Colombia, mueren 11 periodistas y en este tiempo
tanto los paramilitares como las autoridades toman como blanco a los medios de
comunicación, ya que estos se encargaron de sacar a la luz las distintas violaciones a la privacidad que todo el pueblo colombiano sufría, empeño que culminó con la autocensuración de los periodistas por miedo de ser asesinados. De
este año hasta el 2009 la tasa de asesinatos de colegas bajó, y cuando salieron a
relucir las 'chuzadas' por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) que afectaron fuertemente a los medios de comunicación , dos periodistas fueron
asesinados.
"Es preocupante porque nuevamente está sobre el tapete las
amenazas contra periodistas que cumplen su función", así empezó hablando
el periodista y profesor Jaime De La Hoz Simanca, quien dicta sus clases en la
Universidad Autónoma del Caribe y es uno de los muchos que corren el
mensaje hacia los principiantes en esta labor, invitándolos a que no se dejen
amedrentar, que no permitan que amordacen la libre expresión, pilar fundamental
en el que se basa el periodismo; que no censuren a la prensa, el único camino que sigue
manteniendo la verdadera esencia de ser periodista. También invita a que se
deben poner las situaciones de peligro en manos de las autoridades, que son los
entes encargados de preservar la seguridad de toda la ciudadanía, además
comunica que debemos "Solidarizarnos en masa para que no haya alejamiento
de ningún periodista, para que las fuerzas oscuras no se aprovechen de tal
aislamiento y que no se atente, intimide o mate. El periodismo tiene que unirse
cada vez más".
En los últimos días en la ciudad de
Barranquilla los periodistas han estado en boca de
toda la comunidad, ya que se produjeron amenazas hacía una presentadora del canal Telecaribe y corresponsal de Noticias Uno, ésta sufrió la intimidación por un grupo desconocido. Su esposo, también periodista
y presentador del mismo canal regional, fue amenazado hace aproximadamente dos
años. Como reacción a estos hechos, los periodistas de la ciudad
decidieron salir a las calles a concientizar a las masas y a promover el respeto hacía
la libre expresión, por medio de un plantón pacifico en la avenida Paseo
Bolívar, en el centro de la ciudad, donde los tapabocas y las cintas
pegadas en esta misma, eran el foco máxima atención.
La amenaza a periodistas en una patente clave de la corrupción y quiebres que tiene el Estado en sus diversos procesos de desarrollo. La angustia que muchos corren por querer cumplir a cabalidad su profesión, es uno de los factores que demeritan la calidad que se debe tener al momento de hacer el trabajo. Lucia Yanez presentadora del canal Telecaribe, vivió en carne propia el yugo que plantea la intimidación cuando realizaba en el programa Dossier, que se emitía los días domingos, una investigación que se relacionaba con la legalización de la marihuana en la costa caribe del país, un joven estudiante de 26 años creó cuentas en redes sociales desacreditando su imagen. La instancia pasó a mayores cuando el joven pudo llegar a acercarse a uno de sus familiares, haciéndola tomar el camino legal. Éste es uno de los muchos casos que evidencian la falta de apoyo que el Estado le da al mundo mediático, si existieran normas que protegieran el quehacer exclusivamente periodístico, aquellos en contra de esta labor se lo pensarían dos veces antes de perjudicar la vida y ocupación de estos profesionales.
Muchos argumentan que los medios de comunicación deben estar separados del estado, no debe existir relación alguna en términos económicos con instituciones que hagan parte o tengan nexo con el Gobierno u otros quehaceres parecidos. Debe existir apoyo mutuo entre estos dos, para que juntos puedan encontrar la verdad, pero no pueden estar conectados en ámbitos comerciales. En Colombia los dos noticieros clave que controlan la información del país, son manejados por familias que tienen de alguna forma conexión con entidades del Estado. Valorém S.A. de la familia Santo Domingo, quienes
se han visto envueltos, eso sí, bajo sombra, de algunos casos
jurídicos; y los Ardila Lülle, quienes han sido investigados por vínculos con
la parapolítica. La información es un elemento que los medios deben manejar con
total claridad, pero en Colombia para ver esa claridad no se han
inventado los lentes necesarios.